jueves, 17 de julio de 2025

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La importancia de contar nuestras historias

 Contar historias es inherente a los seres humanos; lo hemos hecho desde el principio de los tiempos y lo hacemos a través de cada historia publicada en nuestras redes sociales. Las contamos de manera natural, donde sea, todo el día, todos los días, de diferentes maneras, desde siempre y para siempre. Necesitamos contar historias porque somos seres biológicamente sociales diseñados para comunicarnos.

Las historias informan, iluminan, inspiran, nos hacen actuar y conectar con otros; nos enganchan en todo nivel: en la mente, en las emociones, en valores y en la imaginación. Aplicado en el ámbito profesional, el contar historias es una poderosa herramienta persuasiva y de narración, utilizada para alcanzar objetivos específicos; a la que le llamamos storytelling.

El stotytelling es una herramienta versátil e indispensable cuando hablamos de negocios, organizaciones, change management, liderazgo, ventas, presentaciones, conferencias, advertising, diseño, etc. Es un tema extenso y es necesario comprender su relevancia y sacarle todo el partido posible a nuestra capacidad innata de contar historias.

Imagina que tienes que preparar una conferencia. ¿cómo lograrás que las personas recuerden lo que has dicho una vez que dejan la sala?

1. Recuerda que vas a hablar para compartir, no para brillar.

2. Utiliza el poder de las historias, sus estructuras y patrones.

A continuación te comparto algunas recomendaciones generales y de storytelling, a la hora de hablar en público.

1. Ubica el contexto en el que vas a narrar tu historia y conecta

Preparar una presentación para presentar en un auditorio lleno de universitarios, es diferente a presentarlo a un grupo de ejecutivos de un corporativo. En algunas ocasiones estarás en una sala silenciosa donde serás escuchada con cautela y en otro estarás en medio de un sinnúmero de distractores (para ti y para tu audiencia). Podría suceder también que la hora que te asignaron para presentar será justo después de comer (y además hace mucho calor, así que ya te imaginarás). Estar muy consciente del contexto te da la oportunidad de preveer algunos posibles distractores, irregularidades o imprevistos y podrás sentirte más segura.

Por otro lado ubicar a tu audiencia te permite encontrar un punto de conexión, afinidad o interés en común que puedas convertirlo en una historia relacionada al tema que estas punto

de presentar para atraer su atención. Ponte en su lugar ¿Qué conexión podrías tener con un auditorio lleno de universitarios? Haz el esfuerzo y recuerda que tu también tuviste 19 años.

Poco a poco irás desarrollando la destreza para adaptar un mismo mensaje a diferentes contextos e incluso te sentirás cómoda improvisando.

2. Define el objetivo que quieres lograr con tu narración

Sea cual sea el contexto, el objetivo primordial de una presentación es atraer la atención, mantener el interés, inspirar y motivar a la audiencia hacia una acción determinada.

Esa acción se refiere a los objetivos particulares que deseas lograr ¿Quieres que inviertan en tu proyecto? ¿deseas captar voluntarios en las universidades? ¿quieres inspirar a otros a sumarse a tu causa? ¿quieres hablar de tu marca para abrir nuevos canales de venta?

No pierdas de vista cuál es tu objetivo máximo; pues será tu brújula y también te irá ayudando a dictar la pauta de tu guión.

3. Recurre a los oradores que te inspiran

Todos tenemos oradores favoritos, desde speakers de TedTalks, hasta Standuperos. Recurre a los que han logrado mantener tu atención y te han inspirado, pon atención en sus líneas iniciales y en el remate de su speech. Detecta a cuántas historias personales recurrió, en qué momento de su presentación lo hizo y qué estructura utilizó. Detente unos momentos y piensa ¿qué recuerdas de su presentación? ¿cómo y por qué te inspiró? ¿qué provocó que lo recordaras? ¿por qué le recomendarías esa misma presentación a alguien más? Puedes formularte las preguntas que tu necesites.

Es importante por dos motivos principales: 1. Si cada vez que ves una presentación te enfocas en el “cómo lo hace”, verás que irás desarrollando un know how de manera intuitiva y 2. Porque escuchar otras historias expande nuestra mente, nos ayuda a ampliar los horizontes y nos reta a rebasar nuestros propios límites y perspectivas personales. Simplemente nos hacen ver más allá.

4. Conócete, ubica tus debilidades y recurre a tus fortalezas

Sentirte cómoda al estar frente a una audiencia es indispensable. Ya sea que tengas talento nato para hablar en público o que seas buena para improvisar, lo importante es conocer tus fortalezas para utilizarlas a tu favor. Recuerda que tu fortaleza también se puede convertir en tu debilidad, si no la enfocas correctamente.

Si te gusta explayarte, deberás tener cuidado de no desviarte de tu objetivo principal y apoyarte de un guión muy puntual. Si eres gracioso por naturaleza, querrás hacer reír a tu audiencia, pero no desearás que se confundan y no entiendan de que trató tu ponencia. Si eres muy tímido y hablas poco, apóyate de buenos gráficos.

Todos tenemos fortalezas distintas y podemos crear un estilo único para contar historias. Piensa en esos puntos que te sean cómodos, rompe el hielo y rompe también algunos protocolos de lo que “debería ser”.

5. Ni tan tan, ni muy muy

Aún si eres un as para los datos estadísticos y manejas la teoría como un experto, corres el riesgo de aburrir a tu audiencia en dos segundos si basas toda tu presentación en datos duros. Si tienes talento nato para el romanticismo y conmueves hasta al más renuente de tus amigos, tampoco puedes abusar, no quieres que tu audiencia sienta que no les aportaste nada relevante.

Todo se trata de balance. Emoción balanceada con la cantidad exacta de información, porque los datos persuaden, pero una buena historia nos impulsa a actuar. Lo que sea que quieras decir puedes envolverlo en una historia fácil de relatar y comprender; sí las grandes ideas se simplifican pueden adherirse en la mente más fácil. Necesitas informar, sorprender y deleitar para que la audiencia piense y sienta.

Haz buen uso de los recursos que te gustan para hacer una presentación atractiva: videos, canciones, fotografías, etc, Y si tienes una gran idea, pero no sabes cómo aterrizarla, busca ayuda. Tu presentación dice mucho de ti; eres auténtica, exprésalo.

6. Las mejores -y peores- maneras de comenzar una presentación

En el libro “Stories at work: unlock the secret to business storytelling”, de Indranil Chakraborty nos revela cuales son las 3 peores y las 3 mejores maneras de comenzar un discurso:

Las peores: 1. Agradecer a las personas que te han invitado y expresar agradecimiento por la oportunidad de dar tu presentación. 2. Carraspear con la garganta, probar el micrófono, preguntar si te escuchan, probar algunasslides de la presentación…3. Presentarte y mencionando el tema del que vas a hablar.

Indranil explica en su libro que formamos una opinión de una persona en los primeros 7 segundos de su presentación; a los 25 segundos ya sabemos si nos interesar escucharla o no. Los primeros segundos son clave para enganchar a nuestra audiencia. Guarda los agradecimientos para el final, prueba la presentación antes de iniciar y no te presentes repetidas veces, si la audiencia está ahí, sabe quién eres.

Las mejores: 1. Comienza creando un escenario, arranca con la palabra “Imaginen…” 2. Da un dato o hecho que provoque “shock”, 3. Inicia con una historia (que esté relacionada con el tema principal de tu speech).

Si los incitas a crear escenarios mentales, estarás fomentando una atmósfera en la que todos se ponen en la misma sintonía para seguir el ritmo de la historia.

7. Todo lo que digas debe tener un remate

Cuando determinas tu primera línea, debes cuidar el hilo que te lleve hasta la última. Los primeros segundos de tu presentación generan una promesa; la promesa de que vale la pena -y mi tiempo- al escucharte.

Andrew Stanton, director, escritor, productor y una de las mentes detrás de Pixar, explica en su TedTalk “Las claves de una gran historia”, como es que los humanos nos sentimos atraídos hacia aquello que hace falta completar; necesitamos concluir, resolver acertijos, terminar frases.

El remate es el impacto final de tu presentación. ¿Has visto alguna película o serie en la que al ver “The End” gritas ¡¡Qué no termine!!? ¿Te quedaste con ganas de más? ¿te dejó un misterio sin resolver?

1. Termina con un “call to action”, una petición o una indicación que genere en tu audiencia la necesidad de decirte “quiero hacer algo”, “tengo algo que aportar”. 2. Puedes terminar también con alguna pregunta retórica que los deje con el ojo cuadrado y reflexionando. 3. Y por último, puedes terminar con una historia relacionada con el inicio de tu presentación; de esta manera generas una “atmósfera circular”, en la que terminas donde empiezas, y al mismo tiempo creas un nuevo punto de partida. Esto logrará que tu audiencia recuerde tu presentación mucho tiempo después.

¿Te gusta cuando entras a una tienda y un vendedor no te deja ni respirar? (a mí no) porque no queremos que nos vendan, lo que deseamos es sentirnos bienvenidos. Lo mismo pasa con las presentaciones, más que sentirnos convencidos, queremos sentirnos inspirados.

Si puedes enviar un mensaje a través de una presentación, dale voz a historias que sumen y construyan; que necesiten ser escuchadas. Habla de aquello que te mueve. No tengas miedo a revelar el corazón de tu historia, de tu marca y de tus propósitos. Contemos historias positivas y propositivas; convirtamos nuestras historias en experiencias compartidas (este es mi “call to action” para ti).

La importancia del storytelling propio


Cuando acabes esta entrada, no me digas que no te avisé de que esto ocurriría: La historia que te voy a contar hoy puede cambiarte la vida. Es la historia de una heroína que comenzó con poco, la de una villana que se reinventó a sí misma. Es la historia de una mujer con alma de artista, de una coleccionista de cuentos, de la niña de los mil miedos que acabó por lanzarse en paracaídas. Esta historia puede ser la tuya y es también la mía.

Mi pasado solo es interesante en tanto en cuanto perfila ciertos aspectos del presente de esta historia. Aclarado este aspecto, valga comentar: una chica de pueblo, para lo bueno y lo malo; un puñado de problemas de los complicados; cuatro hermanos, padre y madre, dos perros. Todo bien hasta que un día, sin entrar mucho, todo mal. Todo un lío: enredos, oscuridad, música de violín roto. Espacios, puntos seguidos, frases sin mucha chicha.

De ahí al presente. El presente de esta historia tiene colores y texturas, raramente blanco o negro. Todo bien y todo mal son conceptos que aquí suenan muy lejos. Días mejores, regulares; raramente malos. Alguno. La protagonista de esta historia lleva capa y desayuna gachas de avena. Convierte sus aventuras en novelas, camina entre rascacielos con un paraguas trasparente para no perder nunca la vista de lo que pasa arriba.

Podríamos seguir, pero el espacio aprieta. Como en mi narrativa de vida mando yo, así sin mucha transición ni cambio de pendiente mi protagonista se encuentra de un salto en el capítulo veinte, donde al mirar el reloj de su móvil se encuentra con una verdad sorprendente: son las doce de la noche del 28 de septiembre de 2020. Ese año se han cumplido muchos de sus grandes sueños, que me disculparéis que no comparta porque ya os dije que soy de pueblo y conservo con orgullo mis muchas supersticiones.

De aquí fundimos al negro. El resto es mío, a partir de ahora os hablo de cómo construir —y aún mejor, de para qué— vuestra propia historia.

 

¿Para qué escribir tu historia?

Esta historia de aquí arriba es mía. De nadie más. Esta historia es mía y solo mía. Yo la he vivido y la he escrito: yo la he pulido, la he masticado, la he procesado y reescrito hasta que acabó por encajar con la parte de mí que no se sentía reflejada en mis otras narrativas. No hay nada que sea estrictamente incierto en ella y tampoco nada que esté contado de manera literal. Esta es la manera que escojo de narrar mi vida. Pero hay otras mil posibilidades y solo tú puedes escoger la tuya.

La protagonista de mi propia historia aprende de sus errores, crece tras los desencuentros. Ayuda a otras personas porque siempre —siempre nunca es buena palabra en psicología; igual nunca no lo es tampoco— recuerda lo mucho que le debe al resto de los personajes que explícita o implícitamente influyeron en la dirección de su propio cuento. Para mi historia he elegido una protagonista activa y proactiva, que toma sus propias decisiones incluso cuando eso supone asumir la completa responsabilidad de las equivocaciones que ha cometido.

Como narradora, decido cuál es el siguiente capítulo que quiero escribir en mi vida. Ningún protagonista de ningún buen libro pasa del primer acto al último sin haber sufrido un proceso de transformación, sin haber hecho acopio de una serie de recursos que acaban por modificar su manera de enfrentar los nuevos eventos, su forma de responder a los nuevos reveses que siempre —cualquier buen narrador sabe sobre este siempre— acabará por traerle la vida.

La historia que nos contamos a nosotras mismas y al mundo define nuestra identidad, nuestras creencias de quiénes somos y de quiénes podemos ser.  El hecho de que yo me repita una y otra vez que por ciertos traumas en mi infancia tengo tendencia a ser de esta manera u otra; la idea de que algunas de mis limitaciones tienen una base genética y, por ende, inmutable. El creer que alguien como yo solo puede formar en el futuro parte de ciertos escenarios y no otros, gozar solo de cierta cantidad de éxito. Piénsalo. Ese proceso de reelaboración de la memoria es un proceso que todos sufrimos de manera consciente o inconsciente: todos masticamos, maquillamos, escondemos bajo la alfombra y pretendemos haber olvidado cuando en el fondo sabemos que no lo hemos hecho.

Los que escribimos ficción, lo sabemos: «El arte es una mentira que nos acerca a la verdad». No lo digo yo, es de Picasso.

También Pessoa lo expresó a su forma en uno de mis poemas favoritos del mundo mundial, que tiene por nombre Psicografía (qué nombre para esta entrada, ¿no?):

El poeta es un fingidor
que finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y cuantos leen lo que escribe,
en el dolor leído sienten,
no los dolores que tuvo,
sino el que ellos no tienen.

Y así va por los raíles,
por engañar la razón,
ese trencito de cuerda
que se llama corazón.


El foco de nuestro trabajo personal debe siempre ser el HUECO:

Voy a explicarte lo que es el hueco. El hueco es ese espacio entre el yo presente y el yo ideal en el que el coaching siempre trabaja.
Ese hueco, esa interferencia entre lo de ahora y la posibilidad de lo de después es lo que el coaching persigue en sus objetivos. Hay múltiples maneras de abordar ese abismo, de minimizar esa interferencia y reducir el hueco entre quién eres y quién quieres ser, una de ellas es el uso de técnicas provenientes del coaching narrativo.

El uso de esta narrativa —los cuentos, la ficción propia— te invita a mirar tu vida con ojos de contadora de historias y descubrir cómo nuestras propias narrativas internas se despliegan ante nuestro futuro.

Sam Keen decía que cualquier proceso terapéutico debería de tener como objetivo implícito el «perder la identidad», y es de ahí de donde parte el proceso de reconstrucción que conlleva este trabajo:

  • ¿Cuál es el personaje principal que he construido?
  • ¿En qué trama narrativa estoy metida?
  • ¿De qué recursos dispone mi protagonista para superar los obstáculos con los que se encuentra en el capítulo presente?
  • ¿Cuáles son los patrones de repetición con los que se encuentra mi personaje en su vida?
  • ¿Qué narración inconsciente —qué pensamientos limitantes, qué creencia implícita— los sostiene?
«Aquello que todas las personas tienen en común es su originalidad. Cada persona tiene un cuento que contar. Eso es lo que hace a una persona y define su viaje a lo largo de su vida». Sam Keen

A través de la escritura de nuestra vida pasada, presente y futura, podemos:

  • Abrirle las puertas a nuestra capacidad de crear nuevas realidades
  • Reactualizar los mitos inconscientes sobre nuestra infancia y nuestra familia, sobre nuestros miedos más oscuros, sobre los nudos más complejos
  • Recuperar nuestra capacidad para ser observadoras: analizadoras de datos, científicas en busca de pruebas y evidencias para constatar nuestra propia epistemología
  • Dejar de sostenernos en una narrativa que nos justifique ante el mundo y ante nosotras
  • Explorar nuevas opciones y nuevas vías: probarnos una nueva piel con la que sentirnos más cómodas
  • Crear nuevas tramas que nos pongan en el camino de la felicidad y la posibilidad
  • Construir nuevas metáforas y nuevos cuentos que nos pongan en sintonía con aquello que tanto anhelamos

 

«El propósito es comprender que la perspectiva del protagonista deja a la vista oportunidades de acción que estaban ocultas» Kofman.

Los cuentos y  las metáforas se han usado desde siempre en contextos terapéuticos y filosóficos con el foco puesto tanto en el autodescubrimiento como en la oportunidad de cambio.

La narrativa de vida, que desde otras perspectivas de Psicología más moderna se ha venido a conceptualizar como los contenidos del yo, recoge una tradición milenaria de la que somos parte todos y cada uno de nosotros: Los humanos aprendemos con historias, siempre lo hemos hecho. Solíamos reunirnos alrededor del fuego hace algunos cientos de años; leemos cuentos a los niños en la cama para familiarizarlos con las moralejas, con la causa y el efecto, con comportamientos adecuados y los que no lo son tanto. Ya de adultos consumimos ficción —leemos, vemos películas, series; vamos al ballet y a la ópera, al teatro— y, a través de ella, interiorizamos el aprendizaje de nuevos modelos.

La propuesta

Creemos que las cosas que nos sucedieron en el pasado se registraron en nuestra mente en forma de hechos objetivos de la vida, pero nada más lejos. La realidad es que lo que permanece en la memoria es una reinterpretación de aquello que ocurrió: con partes agrandadas, partes empequeñecidas y otras, directamente, borradas. Esta interpretación puede resignificarse con el tiempo ya que está en permanente construcción, y es a eso a lo que hoy te invito.

Raimond Carver dijo muchas cosas interesantes, y esta es una de ellas: Tu personaje no eres tú, pero tú sí eres tu personaje.

«Tu personaje no eres tú, pero tú sí eres tu personaje» Raimond Carver.

 Vamos, escribe tu historia pasada, presente y futura (sí, también futura) en dos partes:

La primera:

Trata de escribir tu historia desde que naciste tal y como tú la sientes. Presta especial atención a:

  • Los puntos de inflexión de tu propia historia
  • Los personajes principales que tienen importancia para el desarrollo de la acción
  • Los motivos que mueven la historia de un lugar a otro
  • Las consecuencias de ciertas acciones
  • Describe un futuro que resulte consecuente con la evolución presente de tu protagonista. Ese futuro debe estar en consonancia con los comportamientos de tu protagonista (si nunca has corrido media milla y tu protagonista no muestra interés en estas cosas, es poco plausible que tu protagonista acabe por participar en un triatlón). Piensa a donde llegará la protagonista si sigue recorriendo el camino presente.

La segunda:

Tu segunda historia debe partir de la realidad, pero te voy a pedir que la cuentes desde un punto de vista diferente. Si en tu primera historia fuiste la víctima de algunas de las circunstancias, prueba esta vez a reescribir ciertos pasajes de forma que recuperes cierto poder. Aquí, presta atención a:

  • Qué aprende tu protagonista tras los reveses de la vida
  • Qué recursos descubre que tiene para afrontarlos
  • Qué cambios hace que la lleven por nuevos caminos que desea
  • Qué se dice a sí misma cuando piensa que no hay salida
  • Su futuro debe recoger la materizalización de todo lo anterior: los logros deben estar en sintonía con sus valores, con su esfuerzo, con su capacidad emocional para aceptar las cosas buenas que le trae la vida. Este futuro es el resultado de haber movilizado ciertos recursos que ha empezado a identificar en el presente y que van a llevarla a convertirse en la heroína de su propia vida.

Una vez escritas ambas historias, estas son las cosas en las que te debes fijar:

  • ¿Cómo te sientes en relación con la protagonista de tu propia historia en el ejercicio número 1? ¿Te sientes de manera diferente con respecto a la segunda historia? Sé todo lo explícita que puedas en tu respuesta.
  • ¿Tu protagonista es víctima de sus circunstancias o tiene el poder de cambiar algunas cosas? ¿Es eso algo que cambia de la primera a la segunda historia?
  • Analiza todos los recursos que tiene tu protagonista en la primera historia y en la segunda a nivel social, intelectual. A nivel de experiencia vital, laboral, emocional. ¿Hace un uso diferente de esos recursos la protagonista de tu segunda historia?
  • Busca patrones: ¿hay ciertas emociones que predominan?, ¿conductas que se repiten?
  • Si es el caso, sígueles la pista. Traza la emoción o la conducta hacia atrás en el tiempo y reflexiona, ¿cuál fue el desencadenante? ¿qué hizo que comenzara; hubo algo que hizo que frenara?
  • Analiza el HUECO: ¿Cuál es la principal diferencia entre la protagonista de tu primera historia y la protagonista de tu segunda historia? ¿Qué tiene la segunda que no tiene la primera? ¿Qué recursos ha movilizado para conseguir ese futuro que no podría tener la protagonista de la primera?

«Somos cuentos de cuentos, contando cuentos, nada»  Fernando Pessoa.

De allí donde pones el foco de tu atención surgen tus creencias. Acordate, las creencias crean. Las creencias forman hábitos, y esos hábitos mueven tu historia en una dirección o en otra. Asegurate de hacer bien conscientes tus creencias y estarás en mucha mejor posición de escribir con éxito el siguiente capítulo de tu propio cuento.

Cuando comenzamos hoy la entrada, te avisé de algo: la historia que hoy te iba a contar podía cambiarte la vida. Ahora ya lo sabes: esa historia puede ser la tuya y a través de ella puedes, literalmente, convertirte en la heroína de tu propia narrativa ante tus ojos y los del mundo.


"El enfoque de la interseccionalidad: evolución, desafíos y perspectivas...