domingo, 27 de noviembre de 2022
martes, 22 de noviembre de 2022
martes, 15 de noviembre de 2022
¿Qué dice la lingüística sobre el lenguaje inclusivo?
Las lenguas marcan el género gramatical de modos diferentes. Existen diversas taxonomías pero en general se distingue entre cinco tipos de lenguas: con género gramatical, con combinación de género gramatical y natural, con género natural, sin género con algunos rastros de género gramatical, y sin género. Y dentro de las lenguas con género gramatical, existen lenguas con dos o más géneros, por ejemplo, el alemán tiene tres.Existe una discusión acerca de si el género gramatical tiene relación con el género social y/o el sexo: ¿pensamos en las cucharas como más femeninas y en los tenedores como más masculinos, sólo por el género gramatical? Aunque no hay evidencia concluyente, se ha observado que la morfología binaria (masculino/femenino) provoca un sesgo inicial que oculta sistemáticamente a las mujeres, y por supuesto, también a otras identidades sexo-genéricas.
2 ¿A qué llamamos “lenguaje inclusivo”? Al uso de ciertas expresiones que designan personas o grupos de personas en las que, en vez de utilizar el género gramatical masculino (“chicos”) o femenino (“chicas”), cambiamos la marca de género, generalmente mediante el sufijo “-e” (“chiques”) o incluyendo un pronombre no binario (“les” o “elles”) a los ya existentes (las/los, ellos/ellas). El uso de esta variante no binaria (es decir, ni masculina ni femenina) es habitualmente llamado “lenguaje inclusivo”.
3¿Es un fenómeno exclusivamente argentino? No. El lenguaje inclusivo se presenta en muchos países de Latinoamérica y no es un fenómeno nuevo. Por mencionar algunos ejemplos, Uruguay cuenta con una Guía de lenguaje inclusivo desde 2010, México desde 2015 y Perú desde 2017, mientras la discusión sobre iniciativas no sexistas e inclusivas se da en Costa Rica desde 1992.
Pero además, en muchas lenguas diferentes existen iniciativas parecidas. En el francés se propone, entre otras opciones, el uso del punto medio para indicar al mismo tiempo las opciones femenina y masculina (como en “ami·e·s”, es decir, “amig@s”) y cuenta, además, con pronombres no binarios como “iels” o “elleux” (es decir, “elles”). En inglés se usa el pronombre “they/them” como singular no binario (“elle”), y fenómenos parecidos se observan en el hebreo o el árabe, entre otros. En el caso de Suecia, el diccionario oficial de sueco incluye desde 2015 el pronombre neutro “hen” (“elle”), y su uso es impulsado desde el Estado nacional.
4 ¿Por qué se dice que es “inclusivo”? El uso habitual del español considera que el género masculino es “genérico” o “no marcado”, es decir, el género estándar, que no solamente designa a varones, sino también a grupos de individuos sin importar su sexo o identidad de género. Así, al decir “hola, chicos” en una escuela nos estaríamos refiriendo a un grupo de personas en edad escolar, sin importar si son varones, mujeres o LGBTI+. Sin embargo, muchos grupos sociales quedan excluidos en ese tipo de usos: ¿por qué, si una audiencia está compuesta por más mujeres que varones, se usa el masculino? Más aún, ¿por qué el género masculino es el elegido para representar a los demás géneros?
Para cuestionar la sobre-representación masculina y visibilizar la diversidad de géneros, una gran cantidad de hablantes dejó de aceptar el masculino genérico, de modo que la “o” dejó de ser un uso “no marcado”. En consecuencia, comenzó a decirse “Qué tal, chicas y chicos”, incluyendo explícitamente a varones y mujeres. Pero esta opción sigue suponiendo una concepción binaria de las identidades; es decir, no incluye a quienes no se reconocen varones o mujeres. De allí la opción “Querides alumnes”, que no identifica a su destinatario con un género determinado.
5 ¿Es la única manera de incluir en el lenguaje? ¿Es la mejor? El lenguaje es un campo constante de negociación, alianzas y enfrentamientos: las generaciones más jóvenes de hablantes buscan diferenciarse de las mayores en su manera de hablar; quienes pertenecen a un grupo social buscan diferenciarse de otros. Algunos grupos feministas, por ejemplo, se niegan a usar la “-e” porque argumentan que invisibiliza a las mujeres. Las estructuras sintácticas muy extensas o el uso de nominalizaciones son más difíciles de comprender para algunas personas, y es por ello que otros usos inclusivos del lenguaje buscan simplificar la sintaxis y defienden el “español simple”, “español claro” o “lectura fácil”. Y ni hablar del lenguaje especializado: para una persona no experta, el habla médica, jurídica o científica puede resultar completamente excluyente. También en esos campos existen iniciativas de uso inclusivo del lenguaje. Lo importante es recordar que no son mutuamente excluyentes, y que no es necesario que primero haya una cartelería en braille para después usar un lenguaje no sexista.
6 ¿Es cierto que el lenguaje inclusivo dificulta la comprensión? No. En nuestro país se realizaron dos estudios recientes en más de 500 personas sobre el tema. En uno de ellos se comprobó que, en palabras estereotípicamente masculinas, el masculino genérico es menos eficaz que el inclusivo para representar un grupo de personas diversas: si digo “camioneros” me imagino un grupo conformado sólo por varones, mientras que si digo “camioneres”, me imagino un grupo de personas de distinto género. En el segundo estudio, se midió el tiempo de procesamiento de formas masculinas genéricas (“los plomeros”) e inclusivas (“les plomeres”) y se encontró que no había diferencias significativas. Es más, en general se tarda menos en comprender las formas no binarias. En suma: las formas no binarias comunican la diversidad de género mejor que el masculino y se procesan igual o más rápidamente.
7 ¿Es cierto que el lenguaje inclusivo dificulta la adquisición de la “lectoescritura”? En primer lugar, es importante señalar que la investigación lingüística diferencia “lectura” de “escritura” como dos procesos muy cercanos pero diferentes, tanto en términos sociales como cognitivos (por eso no hablamos de “lectoescritura”). En nuestro país no se han realizado estudios que comparen la comprensión lectora de formas masculinas y no binarias en niñes, de manera que no sabemos cuál es mejor. Las pruebas estandarizadas que se realizaron recientemente, y que arrojaron resultados muy críticos sobre la comprensión lectora en la escuela, fueron realizadas usando la morfología tradicional, del masculino genérico, así que no puede responsabilizarse en ese caso al lenguaje inclusivo por los resultados obtenidos.
8 ¿El lenguaje inclusivo está cambiando la lengua española? Un estudio reciente sobre el uso del lenguaje inclusivo en Twitter en Argentina muestra que sólo 4 palabras reúnen el 74% de usos inclusivos (con -e, -x, etc.): todes, amigues, elles y chiques. Esto parece indicar que, por ahora, es más un fenómeno de creación léxica (es decir, de incorporación de nuevas palabras o formas de algunas palabras) que de innovación gramatical (es decir, de introducción de un sistema de género gramatical no binario en la lengua). Sin embargo, un estudio psicolingüístico reciente muestra vínculos entre producción espontánea en/de/con lenguaje inclusivo y procesos de comprensión y construcción de referencia mixta también cuando procesamos sintagmas y oraciones. Esto significa que, aunque por el momento se trata claramente de un fenómeno discursivo, de uso más o menos consciente del lenguaje, es posible que esté empezando a ser usado de manera no consciente, es decir, espontánea.
9 ¿El lenguaje inclusivo es exclusivo de una minoría? En una encuesta realizada sobre 2300 casos se observó que el 73% de las personas que respondieron aceptaban su uso al comienzo de la frase (“Chiques, ¿vamos al cine?”) y 65% lo aceptaban en la mitad (“Llamé a mis amigues para ir al cine”). Esto no significa que estuvieran dispuestas a usarlo: sólo el 60% lo usaría en posición inicial y el 51% en posición intermedia. ¿Qué significa esto? Que aunque no todas las personas encuestadas están dispuestas a decir “amigues” o “todes”, una enorme mayoría acepta su uso por parte de otras personas sin problema. Es decir: no hay una oposición social generalizada al uso del lenguaje inclusivo, sino que quienes se oponen lo hacen de manera muy ruidosa.
10 ¿El lenguaje inclusivo es ajeno a la morfología del español? Una investigación del año 2018 sobre el uso de formas de género no binario muestra que la -e, la -x o la -@ se comportan como morfemas del español, igual que los tradicionales -a y -o. Además, su uso es sistemático, estable, tiene un significado bien definido y forma parte de una continuidad de formas de marcación de género, todas igualmente válidas y disponibles para les hablantes.
11¿Qué función cumple la Real Academia Española? La Real Academia Española (RAE) fue fundada en España en 1713 con el objetivo de controlar la diversidad cada vez mayor del español que se expandía por las colonias. Al elaborar su diccionario, su gramática y su ortografía, la RAE elige las formas y los significados que considera “correctos” (mejores, más “precisos”, más “elegantes”) y descarta los otros. ¿Cuál es la variedad del español que la RAE seleccionó siempre para elaborar estas herramientas? La que hablan los sectores medios y altos de Madrid y sus alrededores.
Desde la independencia de las naciones americanas, muchos intelectuales comenzaron a criticar a la RAE: ¿por qué un gobierno extranjero nos tiene que decir cómo hablar? ¿No deberíamos tener independencia lingüística, además de política? En la actualidad, la RAE sirve fundamentalmente para tratar de detener el cambio constante de la lengua, porque cuando más personas hablan de una manera determinada, más fácil es venderles textos, doblajes, traducciones, enseñanza de lenguas, etc. en un mercado de, según el Instituto Cervantes, alrededor de 164.000 millones de euros cada año en todo el mundo. Los gobiernos no siempre entienden la importancia de ese proceso, y están dispuestos (a veces) a defender los derechos de los productores de diccionarios y no los de las personas que hablamos, cambiamos y vivimos la lengua en su riqueza y diversidad.
12¿Puede enseñarse en las escuelas el lenguaje inclusivo? Los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios del Consejo Federal de Educación indican que la escuela debe alentar la reflexión sobre el lenguaje. En ese sentido, conocer cómo funciona el género gramatical y entender el surgimiento de formas no binarias representa una invalorable oportunidad de aprendizaje. Otro de los contenidos escolares del área de lengua es la normativa del español. En relación con la normativa ortográfica, el lenguaje inclusivo no representa ningún problema, puesto que se escribe con las mismas reglas ortográficas unificadas para todo el ámbito hispánico. El debate normativo surge porque esos nuevos usos no están reglamentados y, por lo tanto, no hay una referencia desde la cual determinar si están “aceptados” o son “correctos”. Precisamente, debido a la novedad, es imposible que estas formas estén presentes en diccionarios, gramáticas o libros escolares, puesto que estos instrumentos sólo registran los usos ya asentados en las comunidades. El hecho de que no figuren en un diccionario o en una gramática no significa que no existan o que sean usos incorrectos. En consecuencia, su análisis escolar es una instancia legítima de aprendizaje sobre cómo se usa la lengua, cómo funciona su estructura y cómo conviven usos distintos en un mismo momento histórico.
13 ¿Quién define si un uso es “correcto” o “incorrecto”? La necesidad de determinar la corrección lleva a les hablantes muchas veces a consultar a la RAE, que se presenta como si fuera una institución científica y neutral. Sin embargo, aunque tiene un indudable rol en las decisiones en materia de regulación lingüística, eso no significa que sea la única ni tampoco las más autorizada. Existen universidades, institutos y centros de investigación, y asociaciones de especialistas que a lo largo de todo el ámbito hispánico se ocupan de analizar y difundir, a partir de metodologías rigurosas, fenómenos lingüísticos históricos y contemporáneos del español. Por el contrario, mientras que las academias buscan prescribir cuál es la opción “correcta” y cuál la “incorrecta” en el uso de la lengua mediante muestras lingüísticas selectivas y arbitrarias, otras instituciones se ocupan de describir, comprender y explicar cuáles son las opciones efectivamente existentes, quiénes las usan y por qué. En lo que respecta al “lenguaje inclusivo”, la RAE ha publicado su posición desfavorable a través de consideraciones, documentos, informes y recomendaciones. La Academia Argentina de Letras, como institución que depende de la RAE, se posicionó también en contra del lenguaje inclusivo en varias ocasiones.
14¿El lenguaje inclusivo es un fenómeno lingüístico o político? Las dos cosas. Si bien la polémica sobre el lenguaje inclusivo es relativamente novedosa en la Argentina a nivel social, el debate sobre la existencia de formas sexistas en el uso del lenguaje lleva ya varias décadas. La actual difusión del debate en nuestra sociedad no parece responder tanto a un repentino interés suscitado sobre el lenguaje mismo sino, sobre todo, a las sucesivas luchas de los movimientos feministas y LGBT+, que han logrado instalar en la agenda pública temáticas de género que en otras etapas han estado invisibilizadas o relegadas a espacios muy restringidos y han logrado plasmar muchas de esas demandas en leyes que reconocen derechos antes negados. Como todo fenómeno político de peso, estos procesos también toman a la lengua como un campo de disputa. Las palabras “juez” o “presidente” comenzaron a flexionar en femenino cuando se abrió la posibilidad de que las mujeres fueran “juezas” o “presidentas”. En la actualidad, el cuestionamiento de una concepción binaria y patriarcal de la identidad de género tiene su correlato en el cuestionamiento del masculino genérico y otras formas sexistas del lenguaje. Esto muestra que el papel del lenguaje es central en la producción y reproducción de las desigualdades, pero que también puede contribuir a la transformación y subversión de subjetividades e identidades colectivas.
En suma: todo fenómeno lingüístico tiene una dimensión política, y todo fenómeno político tiene un correlato en el uso de la lengua.
lunes, 14 de noviembre de 2022
Filosofía del Lenguaje (Michel Foucault)
La noción de escritura como función multiplicante del lenguaje
El lenguaje desde Foucault es pensado desde su relación con la muerte, este siempre se ha dirigido a ella, es a la vez el centro y el límite de todo lenguaje. En la memoria de los hombres ella ocupa un lugar soberano, estos viven refriéndose a ella con la intención de retraer su llegada y alejarla sustrayéndola en las palabras.
Es decir el lenguaje tiene como principal límite la muerte, y este límite es el encargado de abrir dentro de él un espacio extremo, infinito, con el fin de vencer las limitaciones y multiplicarse hacia la eternidad. El lenguaje es historia en sí mismo; es el resumen del pasado en tanto lleva consigo, el discurso del presente y las posibilidades de proyección del mismo hacia el futuro.
Foucault explica esta idea de multiplicación del lenguaje para vencer a la muerte y pasar dejando huella, a través de la idea de un espacio virtual formado por miles de espejos que se reflejan a sí mismos, para así impedir la llegada de la muerte y proyectarse hacia el infinito: “El lenguaje sobre la línea de la muerte , se refleja: halla en sí como un espejo ; y para detener esa muerte que va a detenerlo, sólo tiene un poder; el de alumbrar en sí mismo su propia imagen dentro de un juego de lunas que no tiene límites”1
En un principio el habla fue la encargada de esta función multiplicante del lenguaje, es la idea de hablar para no morir; pero luego de agotarse dejo espacio a la escritura para cumplir esta función. Esta última logra ser el espacio propio del lenguaje, pues permite el retraimiento del tiempo del lenguaje al plasmarse a través de signos. Además desde su masiva reproducción permite al lenguaje fijarse y retenerse la memoria de los hombres.
La escritura alfabética es en sí una forma de duplicación, puesto que va más allá de la representación del significado, es decir, representa los elementos fonéticos que significan el lenguaje. El acto de escribir permite situarse en el espacio virtual de la autorrepresentación y el redoblamiento del habla, puesto que la escritura no significa la cosa sino el habla misma, es decir, logra de esta manera multiplicar el habla , libera “ el chorrear de un murmullo”,lo lleva aún más hacia el infinito pues lo imprime en el tiempo y el espacio multiplicante del lenguaje: “ La obra de lenguaje es el propio cuerpo del lenguaje que la muerte atraviesa para abrirle aquel espacio infinito donde se reflejan los dobles”2.
Para Foucault desde que la obra de lenguaje se ha convertido en escritura a ocurrido un trascendental cambio dentro del espacio infinito del lenguaje. Gracias a su función multiplicante el lenguaje a sido llevado a todos sus extremos, tal es el caso de la obra de Sade y la obra de terror.
En la primera se visualiza la idea de escribir sin referirse a nada ni a nadie en especial, es decir, escribir y escribir hacia el infinito. En este lenguaje se logra no sólo saltar a la muerte sino que además se va hasta el fin de lo posible, es un discurso que es escrito para alguien que nunca lo leera, es decir, es escrito para nadie.
Por otra parte la obra de terror logra llegar hacia otro extremo de la prolongación al infinito del lenguaje. Con el inicio de la reproducción masiva de la escritura literaria, el lenguaje llego a prolongarse hasta el extremo de querer llegar al lector, es decir, es un lenguaje que a diferencia del anterior, esta escrito para ser leído por alguien, y más aún por todos, y provocar en ellos un efecto. Es la idea de no sólo escribir para plasmarse en el tiempo y el espacio, sino que quedar plasmado en las emociones de los lectores. En la obra de terror el lenguaje es llevado al extremo de encontrarse sin un espejo para abrir su espacio indefinido de su propia imagen, sino que en esta obra el lenguaje es llevado a su función extremadamente económica, es decir, a su función comunicativa.
2. Las cuatro dimensiones de la función enunciativa.
Para Foucault el lenguaje posee una existencia histórica, esta existencia es una práctica discursiva que entra en relación con otras prácticas históricas. El lenguaje mismo es un acontecimiento singular, y este acontecimiento es su unidad básica , es el enunciado.
Este enunciado cumple dentro del lenguaje una función enuciativa, él es en sí esta función , por esto mismo no se puede pensar como una estructura, esto se debe a que él se encuentra en el límite mismo del lenguaje, en su plena existencia.
La función enunciativa va más allá del simple contenido, en ella el enunciado es una relación ,es decir, se trata de la configuración de una práctica compleja, puesto que el enunciado al no ser una estructura, una mera forma, se convierte en una función que cruza un dominio de estructuras, convirtiendo a estas en contenidos que aparecen en el tiempo y el espacio. Esta función permite la existencia de los conjuntos de signos, reglas y formas que se articulan dentro de una contingencia discursiva para dar al lenguaje así su materialidad.
Para entender la función enunciativa es necesario detenerse en determinar sus dimensiones:
∗ En Primer lugar la función enunciativa, permite al enunciado mismo relacionarse con los objetos dentro del lenguaje, se trata de la relación del significado con el significante, del nombre con lo que designa, la frase con su sentido, o la proposición con su referente. Este significante que surge a partir de esta relación objetiva es independiente del enunciado, es decir, el enunciado para existir no necesariamente tiene que cumplir una función significante y este último al ser enunciado no pasa por hecho a ser parte del lenguaje, sino que se puede decir que es un fenómeno del lenguaje que ocurre por fuera de él. El enunciado gracias a su dimensión “objetiva”se relaciona a un referencial que no se encuentra compuesto por cosas o por hechos, realidades o seres. Sino que es un referencial que logra diferenciar a los individuos o los objetos, de las de cosas que surgen de las relaciones puestas en juego por la función enunciativa.
∗La función enunciativa relaciona al enunciado con los sujetos, es decir, esta tiene una dimensión “subjetiva”. En ella es necesario cuidar al sujeto del enunciado de la reducción de este a un mero elemento gramatical debido a que este además es el que utiliza a los enunciados, los administra, es decir, no es la subjetividad dicha en lo enunciado , ni tampoco las subjetividades de quienes utilizan el enunciado… “en la medida en que es una función vacía, que puede ser desempeñada por individuos, hasta cierto punto indiferentes, cuando viene a formular el enunciado: en la medida en que aún un único individuo puede ocupar sucesivamente en una serie de enunciados, diferentes posiciones y tomar el papel de diferentes sujetos.”∗
∗La función enunciativa tiene una dimensión “relacional”,es decir, además relaciona al enunciado con otros distintos .Para que esta dimensión pueda ser posible es necesario que todo enunciado se encuentre inscrito dentro de un campo referencial, dentro de este último el enunciado logra multiplicarse dentro de un espacio, es decir, se convierte en miles de unidades significativas. Esta función enunciativa permite al enunciado referirse a algo, es decir, a otro enunciado, “El enunciado lejos de ser el principio de individualización de los conjuntos significantes, es lo que sitúa esas unidades significativas en un espacio en el que se multiplican y se acumulan.”∗, es decir la dimensión referencial permite al enunciado al situarlo dentro de un conjunto, formar parte de una serie, relacionarse entre ellos .
∗Por último se encuentra la dimensión “ material”. “El enunciado se da siempre a través de un espesor material, incluso disimulado, incluso si, apenas aparecido, está condenado a desvanecerse.” ∗ Esta dimensión de materialidad se logra luego de ser fijada todas sus determinaciones, no es simplemente un principio de validación,, o determinación de subconjuntos lingüísticos. La dimensión material del enunciado es lo que lo constituye propiamente.
3. Significado de la noción rectora del análisis del discurso: “acontecimiento”, “serie”, “regularidad”, “condición de posibilidad”.
Según Foucault el discurso dentro de la filosofía no es más que un juego de signos en función, o más bien , al servicio del significante, viéndose de esta manera en su propia realidad anulado. Dentro de nuestra sociedad actual, Foucault dirá que el discurso será visto con cierto temor. Dirá que aquí vendría existiendo una especie de “logofobia”, es decir, un rechazo contra esos acontecimientos del discurso, contra sus enunciados violentos y desordenados presentados por el discurso. Para batallar este problema del discurso dentro de la sociedad actual, Foucault propone quitar al discurso su carácter enunciativo y de acontecimiento. Es decir,…”borrar finalmente la soberanía del significante”∗, es decir, dar un giro en la forma de ver el discurso por parte de la historia de las ideas , propone su cuestionamiento.
Para este análisis que Foucault pretende desarrollaren torno al discurso emplea ciertos principios para así lograr regular este análisis:, el principio de acontecimiento, el principio de serie, el de regularidad y la condición de posibilidad. Estos principios se caracterizan por cada uno a su vez oponerse a otros términos por ejemplo el principio de acontecimiento se opone a la creación, el de serie se opone a la unidad, el de regularidad se opone al de originalidad, y la posibilidad a de significación., siendo estos últimos términos ( significación, creación, unidad y originalidad) los que han dominado la historia de las ideas, …“donde se buscaba el punto de la creación, la unidad de la obra, de una época o de un tema, la marca de la originalidad individual…”∗.
Foucault realizará este análisis, desde una mirada desconfiada frente a la actuación de los historiadores, los acusa de no haber actuado en la misma dirección que la historia contemporánea ( considerar los acontecimientos singulares y dejar de lado las estructuras que se extienden por sobre el margen del tiempo) Dirá que la importancia se encuentra en que la historia logra considera un acontecimiento sin definir la serie de la que pertenece.
Foucault plantea que en la actualidad las nociones que se utilizan son la de acontecimiento, serie, es decir, ideas como continuidad, conciencia, signo y estructura han sido desplazadas. El defenderá este nuevo modo de ver el discurso, dirá que es efectivo en la medida que se aleja de las temáticas filosóficas tradicionales. Foucault ve a la historia, como la historia del acontecimiento o, mejor, de los acontecimientos.
Desde aquí el acontecimiento, que fue dejado de lado por los filósofos, es visto como un materialismo de lo incorporal, es decir, es material no en el sentido de sustancia, o accidente, sino es vista su materialidad por fuera del orden de los cuerpos, siendo en este nivel de la materialidad donde tiene lugar y efecto. El acontecimiento al no ser el cuerpo o un accidente, se convierte en una relación, una coexistencia, una dispersión , una selección de elementos materiales.
Es en el modo en que Foucault propone tratar a estos acontecimientos, donde aparece la noción de serie. Dirá que estos deben tratarse según series homogenias y discontinuas relacionadas entre sí. Aquí la noción de serie se refiere no a la sucesión de los instantes del tiempo, como tampoco al la pluralidad de los sujetos que piensan. Aquí las series son cesuras que eliminan el instante y vuelcan al sujeto en una pluralidad de posibles posiciones; “Una discontinuidad tal que golpea e invalida las menores unidades tradicionales reconocidas o las menos fácilmente puestas en duda: el instante y el sujeto”,∗es decir, el discurso es una serie que se encuentra compuesta por diversos acontecimientos.
Para Foucault es necesario pensar el discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas, como una práctica que se impone, es en esta práctica donde los acontecimientos del discurso encuentran el principio de regularidad. Esta regularidad se encuentra dentro de los límites de las series discursivas y discontinuas, y regula o prohíbe establecer vinculos de causalidad mecánica o de necesidad entre los elementos que constituyen la serie .Este principio de regularidad permite aceptar la introducción del azar como productor de acontecimientos.
el sexo, el género y la identidad de género.....
¿Qué es el género?
Se refiere a los aspectos socialmente atribuidos a un individuo, diferenciando lo masculino de lo femenino, en base a sus características biológicas. Es decir que es lo que las sociedades esperan que piense, sienta y actúe alguien por ser varón o por ser mujer. Por ejemplo, se dice que “los hombres no lloran” o que “a las mujeres les gusta la ropa”. Así, el género condiciona los roles, las posibilidades, las acciones, el aspecto físico y la expresión de la sexualidad de las personas.
¿Qué es la identidad de género?
Es la forma en que cada persona siente su género. Por eso, puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer. Es decir que es el género que cada persona siente, independientemente de que haya nacido hombre o mujer. Una persona que nació hombre puede sentir que su identidad de género es femenina y viceversa
Qué es la expresión de género?
Es cómo mostramos nuestro género al mundo: a través de nuestro nombre, cómo nos vestimos, nos comportamos, interactuamos, etc.
¿Qué es el sexo biológico?
Es el conjunto de características biológicas (pene, vagina, hormonas, etc) que determinan lo que es un macho o una hembra en la especie humana. Al nacer, a las personas se les asigna un sexo de acuerdo a estas características.
¿Qué es la orientación sexual?
Es la atracción física, emocional, erótica, afectiva y espiritual que sentimos hacia otra persona. Esta atracción puede ser hacia personas del mismo género (lesbiana o gay), el género opuesto (heterosexual), ambos géneros (bisexual) o a las personas independientemente de su orientación sexual, identidad y/o expresión de género (pansexual). A lo largo de la vida, es posible cambiar de orientación sexual
lunes, 7 de noviembre de 2022
Crueldad: pedagogías y contra-pedagogías // Rita Segato
Publicada en 22 de enero de 2022
Llamo pedagogías de la crueldad a todos los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. En ese sentido, esta pedagogía enseña algo que va mucho más allá del matar, enseña a matar de una muerte desritualizada, de una muerte que deja apenas residuos en el lugar del difunto. La trata y la explotación sexual como practicadas en los días de hoy son los más perfectos ejemplos y, al mismo tiempo, alegorías de lo que quiero decir con pedagogía de la crueldad. Es posible que eso explique el hecho de que toda empresa extractivista que se establece en los campos y pequeños pueblos de América Latina para producir commodities destinadas al mercado global, al instalarse trae consigo o es, inclusive, precedida por burdeles y el cuerpo-cosa de las mujeres que allí se ofrecen.
Cuando hablo de una pedagogía de la crueldad me refiero a algo muy preciso, como es la captura de algo que fluía errante e imprevisible, como es la vida, para instalar allí la inercia y la esterilidad de la cosa, mensurable, vendible, comprable y obsolescente, como conviene al consumo en esta fase apocalíptica del capital. El ataque sexual y la explotación sexual de las mujeres son hoy actos de rapiña y consumición del cuerpo que constituyen el lenguaje más preciso con que la cosificación de la vida se expresa. Sus deyectos no van a cementerios, van a basurales.
La repetición de la violencia produce un efecto de normalización de un paisaje de crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empatía indispensables para la empresa predadora. La crueldad habitual es directamente proporcional a formas de gozo narcísico y consumista, y al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensitización al sufrimiento de los otros. Un proyecto histórico dirigido por la meta del vínculo como realización de la felicidad muta hacia un proyecto histórico dirigido por la meta de las cosas como forma de satisfacción[1].
La sujeción de las personas a la condición de mercancía impuesta a las mayorías por el carácter precario del empleo y del salario, así como el retorno y expansión del trabajo servil, semi-esclavo y esclavo, también son parte de lo mismo. La predación de territorios que hasta hace poco permanecían como espacios de arraigo comunal, y de paisajes como inscripciones de la historia, es decir, como libros de historia, para su conversión en commodities por la explotación extractivista en las minas y el agro-negocio son facetas de esa cosificación de la vitalidad pachamámica. Incluyo aquí también la alienación, robo o cancelación de la fluencia del tiempo vital, encuadrado ahora, encarcelado, por los preceptos del capital -competitividad, productividad, cálculo de costo/beneficio, acumulación, concentración-, que confiscan la fluencia que llamamos “tiempo” en la que toda vitalidad está inmersa. La pedagogía de la crueldad es, entonces, la que nos habitúa a esa disecación de lo vivo y lo vital, y parece ser el camino inescapable de la modernidad, su último destino.
El paradigma de explotación actual supone una variedad enorme de formas de desprotección y precariedad de la vida, y esta modalidad de explotación depende de un principio de crueldad consistente en la disminución de la empatía de los sujetos. Como he afirmado en otras oportunidades[2], el capital hoy depende de que seamos capaces de acostumbrarnos al espectáculo de la crueldad en un sentido muy preciso: que naturalicemos la expropiación de vida, la predación, es decir, que no tengamos receptores para el acto comunicativo de quien es capturado por el proceso de consumición. Expropiar el aliento vital pasa a ser visto como un mero trámite que no comporta dolor, que no puede comunicarse, un acto maquinal, como cualquier consumición. Es por eso que podemos decir que la estructura de personalidad de tipo psicopático, no vincular, defectiva en lo que respecta a emociones y sentimientos, es la personalidad modal de nuestra época por su funcionalidad a la fase actual extrema del proyecto histórico del capital: la relación entre personas vaciada y transformada en una relación entre funciones, utilidades e intereses.
Es muy difícil encontrar las palabras adecuadas para describir lo que no es nada, la nada marmórea restante del proceso de consumición y obsolescencia en que se ha transformado la vida en los centros de la modernidad. ¿Acaso no percibimos que todas las obras de la más nueva tecnología inician su proceso de degradación apenas erigidas? ¿No es éste, entonces, un ambiente mortuorio, de decadencia acelerada?
Naturalmente, las relaciones de género y el patriarcado juegan un papel relevante como escena prototípica de este tiempo. La masculinidad está más disponible para la crueldad porque la socialización y entrenamiento para la vida del sujeto que deberá cargar el fardo de la masculinidad lo obliga a desarrollar una afinidad significativa -en una escala de tiempo de gran profundidad histórica- entre masculinidad y guerra, entre masculinidad y crueldad, entre masculinidad y distanciamiento, entre masculinidad y baja empatía. Las mujeres somos empujadas al papel de objeto, disponible y desechable, ya que la organización corporativa de la masculinidad conduce a los hombres a la obediencia incondicional hacia sus pares –y también opresores-, y encuentra en aquéllas las víctimas a mano para dar paso a la cadena ejemplarizante de mandos y expropiaciones.
En este sentido, es muy importante no guetificar la cuestión de género. Esto quiere decir, no considerarla nunca fuera del contexto más amplio, no verla exclusivamente como una cuestión de la relación entre hombres y mujeres, sino como el modo en que esas relaciones se producen en el contexto de sus circunstancias históricas. No guetificar la violencia de género también quiere decir que su carácter enigmático se esfuma y la violencia deja de ser un misterio cuando ella se ilumina desde la actualidad del mundo en que vivimos.
El hombre campesino-indígena a lo largo de la historia colonial de nuestro continente, así como el de las masas urbanas de trabajadores precarizados, se ven emasculados como efecto de su subordinación a la regla del blanco, el primero, y del patrón, el segundo -patrón blanco o blanqueado de nuestras costas. Ambos se redimen de esta emasculación, de esta vulneración de su condición social, laboral, incompatible con las exigencias de su género mediante la violencia. Ante el avance de la pedagogía de las cosas, como también podríamos llamarle a la pedagogía de la crueldad, el hombre indígena se transforma en el colonizador dentro de casa, y el hombre de la masa urbana se convierte en el patrón dentro de casa. En otras palabras, el hombre del hogar indígena-campesino se convierte en el representante de la presión colonizadora y despojadora puertas adentro, y el hombre de las masas trabajadoras y de los empleos precarios se convierte en el agente de la presión productivista, competitiva y operadora del descarte puertas adentro.
A esto se le agrega la expansión de los escenarios de las nuevas formas de la guerra en América latina, con la proliferación del control mafioso de la economía, la política y de amplios sectores de la sociedad. La regla violenta de las pandillas, maras, sicariatos y todos los tipos corporaciones armadas que actúan en una esfera de control de la vida que he caracterizado como para-estatal atraviesa e interviene el ámbito de los vínculos domésticos de género, introduce el orden violento circundante dentro de casa. Es imposible hoy abordar el problema de la violencia de género y la letalidad en aumento de las mujeres como si fuera un tema separado de la situación de intemperie de la vida, con la suspensión de las normativas que dan previsibilidad y amparo a las gentes dentro de una gramática compartida.
Al hablar de la pedagogía de la crueldad no podemos olvidarnos de mencionar a los medios masivos de información, con su lección de rapiña, escarnio y ataque a la dignidad ejercitadas sobre el cuerpo de las mujeres. Existe un vínculo estrecho, una identidad común, entre el sujeto que golpea y mata a una mujer y el lente televisivo. También forma parte de ese daño la victimización de las mujeres a manos de los feminicidas como espectáculo televisivo de fin de tarde o de domingos después de misa. Los medios nos deben una explicación sobre por qué no es posible retirar a la mujer de ese lugar de víctima sacrificial, expuesta a la rapiña en su casa, en la calle y en la sala de televisión de cada hogar, donde cada una de estos feminicidios es reproducido hasta el hartazgo en sus detalles mórbidos por una agenda periodística que se ha vuelto ya indefendible e insostenible.
A partir de lo dicho, ¿cómo entonces concebir y diseñar contra-pedagogías capaces de rescatar una sensibilidad y vincularidad que puedan oponerse a las presiones de la época y, sobre todo, que permitan visualizar caminos alternativos? Son cuatro los temas que vinculo a la posibilidad de instalar en el mundo esas contra-pedagogías. Me referiré a ellos de forma muy sucinta y aforística, más que nada como una convocatoria para juntar esfuerzos y seguir debatiendo. El texto de las clases podrá dar pistas para entender mejor lo que propongo.
- La contra-pedagogía de la crueldad tendrá que ser una contra-pedagogía del poder y, por lo tanto, una contra-pedagogía del patriarcado, porque ella se contrapone a los elementos distintivos del orden patriarcal: mandato de masculinidad, corporativismo masculino, baja empatía, crueldad, insensibilidad, burocratismo, distanciamiento, tecnocracia, formalidad, universalidad, desarraigo, desensitización, limitada vincularidad. El patriarcado, como he afirmado anteriormente[3], es la primera pedagogía de poder y expropiación de valor, tanto en una escala filogenética como ontogenética: es la primera lección de jerarquía, aunque la estructura de esa jerarquía haya ido mutando en la historia[4].
- La experiencia histórica de las mujeres podrá sentar el ejemplo de otra forma de pensar y actuar colectivamente. Una politicidad en clave femenina es –no por esencia sino por experiencia histórica acumulada[5]-, en primer lugar una política del arraigo espacial y comunitario; no es utópica sino tópica; pragmática y orientada por las contingencias y no principista en su moralidad; próxima y no burocrática; investida en el proceso más que en el producto; y sobre todo solucionadora de problemas y preservadora de la vida en el cotidiano.
- Las mujeres hemos identificado nuestro propio sufrimiento y hablamos de él. Los hombres no han podido hacerlo. Una de las claves del cambio será hablar entre todos de la victimización de los hombres por el mandato de masculinidad y por la nefasta estructura corporativa de la fratria masculina. Existe violencia de género intra-género, y la primera víctima del mandato de masculinidad son los hombres: obligados a curvarse al pacto corporativo y a obedecer sus reglas y jerarquías desde que ingresan a la vida en sociedad. Es la familia la que los prepara para esto. La iniciación a la masculinidad es un tránsito violentísimo. Esa violencia va más tarde reverter al mundo. Muchos hombres hoy se están retirando del pacto corporativo, marcando un camino que va a transformar la sociedad. Lo hacen por sí, en primer lugar. No por nosotras. Y así debe ser.
- De una forma esquemática es posible decir que existen dos proyectos históricos en curso en el planeta, orientados por concepciones divergentes de bienestar y felicidad: el proyecto histórico de las cosas y el proyecto histórico de los vínculos, dirigidos a metas de satisfacción distintas, en tensión, y en última instancia incompatibles. El proyecto histórico centrado en las cosas como meta de satisfacción es funcional al capital y produce individuos, que a su vez se transformarán en cosas. El proyecto histórico de los vínculos insta a la reciprocidad, que produce comunidad. Aunque vivamos inevitablemente de forma anfibia, con un pie en cada camino, una contra-pedagogía de la crueldad trabaja la consciencia de que solamente un mundo vincular y comunitario pone límites a la cosificación de la vida.
[1] Para una extensión sobre el tema, ver “La pedagogía de la crueldad”, entrevista que di a Verónica Gago publicada en Las 12, Página 12, Buenos Aires, 29 de mayo de 2015
[2] “Patriarcado: del borde al centro. Disciplinamiento, territorialidad y crueldad en la fase apocalíptica del capital”en La Guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños, 2016
[3] Ver Las estructuras elementales de la violencia Buenos Aires: Prometeo, 2003 y 2013.
[4] Ver La Crítica de la Colonialidad en Ocho Ensayos y una Antropología por Demanda, Buenos Aires: Prometeo, 2015
[5] Ver “Manifesto in Four Themes” in Critical Times 1/1, 2018 (de próxima aparición)
Este texto forma parte del nuevo libro de Rita Segato, que será presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires el día 6 de mayo a las 16hs.
jueves, 3 de noviembre de 2022
miércoles, 2 de noviembre de 2022
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