La noción de escritura como función multiplicante del lenguaje
El lenguaje desde Foucault es pensado desde su relación con la muerte, este siempre se ha dirigido a ella, es a la vez el centro y el límite de todo lenguaje. En la memoria de los hombres ella ocupa un lugar soberano, estos viven refriéndose a ella con la intención de retraer su llegada y alejarla sustrayéndola en las palabras.
Es decir el lenguaje tiene como principal límite la muerte, y este límite es el encargado de abrir dentro de él un espacio extremo, infinito, con el fin de vencer las limitaciones y multiplicarse hacia la eternidad. El lenguaje es historia en sí mismo; es el resumen del pasado en tanto lleva consigo, el discurso del presente y las posibilidades de proyección del mismo hacia el futuro.
Foucault explica esta idea de multiplicación del lenguaje para vencer a la muerte y pasar dejando huella, a través de la idea de un espacio virtual formado por miles de espejos que se reflejan a sí mismos, para así impedir la llegada de la muerte y proyectarse hacia el infinito: “El lenguaje sobre la línea de la muerte , se refleja: halla en sí como un espejo ; y para detener esa muerte que va a detenerlo, sólo tiene un poder; el de alumbrar en sí mismo su propia imagen dentro de un juego de lunas que no tiene límites”1
En un principio el habla fue la encargada de esta función multiplicante del lenguaje, es la idea de hablar para no morir; pero luego de agotarse dejo espacio a la escritura para cumplir esta función. Esta última logra ser el espacio propio del lenguaje, pues permite el retraimiento del tiempo del lenguaje al plasmarse a través de signos. Además desde su masiva reproducción permite al lenguaje fijarse y retenerse la memoria de los hombres.
La escritura alfabética es en sí una forma de duplicación, puesto que va más allá de la representación del significado, es decir, representa los elementos fonéticos que significan el lenguaje. El acto de escribir permite situarse en el espacio virtual de la autorrepresentación y el redoblamiento del habla, puesto que la escritura no significa la cosa sino el habla misma, es decir, logra de esta manera multiplicar el habla , libera “ el chorrear de un murmullo”,lo lleva aún más hacia el infinito pues lo imprime en el tiempo y el espacio multiplicante del lenguaje: “ La obra de lenguaje es el propio cuerpo del lenguaje que la muerte atraviesa para abrirle aquel espacio infinito donde se reflejan los dobles”2.
Para Foucault desde que la obra de lenguaje se ha convertido en escritura a ocurrido un trascendental cambio dentro del espacio infinito del lenguaje. Gracias a su función multiplicante el lenguaje a sido llevado a todos sus extremos, tal es el caso de la obra de Sade y la obra de terror.
En la primera se visualiza la idea de escribir sin referirse a nada ni a nadie en especial, es decir, escribir y escribir hacia el infinito. En este lenguaje se logra no sólo saltar a la muerte sino que además se va hasta el fin de lo posible, es un discurso que es escrito para alguien que nunca lo leera, es decir, es escrito para nadie.
Por otra parte la obra de terror logra llegar hacia otro extremo de la prolongación al infinito del lenguaje. Con el inicio de la reproducción masiva de la escritura literaria, el lenguaje llego a prolongarse hasta el extremo de querer llegar al lector, es decir, es un lenguaje que a diferencia del anterior, esta escrito para ser leído por alguien, y más aún por todos, y provocar en ellos un efecto. Es la idea de no sólo escribir para plasmarse en el tiempo y el espacio, sino que quedar plasmado en las emociones de los lectores. En la obra de terror el lenguaje es llevado al extremo de encontrarse sin un espejo para abrir su espacio indefinido de su propia imagen, sino que en esta obra el lenguaje es llevado a su función extremadamente económica, es decir, a su función comunicativa.
2. Las cuatro dimensiones de la función enunciativa.
Para Foucault el lenguaje posee una existencia histórica, esta existencia es una práctica discursiva que entra en relación con otras prácticas históricas. El lenguaje mismo es un acontecimiento singular, y este acontecimiento es su unidad básica , es el enunciado.
Este enunciado cumple dentro del lenguaje una función enuciativa, él es en sí esta función , por esto mismo no se puede pensar como una estructura, esto se debe a que él se encuentra en el límite mismo del lenguaje, en su plena existencia.
La función enunciativa va más allá del simple contenido, en ella el enunciado es una relación ,es decir, se trata de la configuración de una práctica compleja, puesto que el enunciado al no ser una estructura, una mera forma, se convierte en una función que cruza un dominio de estructuras, convirtiendo a estas en contenidos que aparecen en el tiempo y el espacio. Esta función permite la existencia de los conjuntos de signos, reglas y formas que se articulan dentro de una contingencia discursiva para dar al lenguaje así su materialidad.
Para entender la función enunciativa es necesario detenerse en determinar sus dimensiones:
∗ En Primer lugar la función enunciativa, permite al enunciado mismo relacionarse con los objetos dentro del lenguaje, se trata de la relación del significado con el significante, del nombre con lo que designa, la frase con su sentido, o la proposición con su referente. Este significante que surge a partir de esta relación objetiva es independiente del enunciado, es decir, el enunciado para existir no necesariamente tiene que cumplir una función significante y este último al ser enunciado no pasa por hecho a ser parte del lenguaje, sino que se puede decir que es un fenómeno del lenguaje que ocurre por fuera de él. El enunciado gracias a su dimensión “objetiva”se relaciona a un referencial que no se encuentra compuesto por cosas o por hechos, realidades o seres. Sino que es un referencial que logra diferenciar a los individuos o los objetos, de las de cosas que surgen de las relaciones puestas en juego por la función enunciativa.
∗La función enunciativa relaciona al enunciado con los sujetos, es decir, esta tiene una dimensión “subjetiva”. En ella es necesario cuidar al sujeto del enunciado de la reducción de este a un mero elemento gramatical debido a que este además es el que utiliza a los enunciados, los administra, es decir, no es la subjetividad dicha en lo enunciado , ni tampoco las subjetividades de quienes utilizan el enunciado… “en la medida en que es una función vacía, que puede ser desempeñada por individuos, hasta cierto punto indiferentes, cuando viene a formular el enunciado: en la medida en que aún un único individuo puede ocupar sucesivamente en una serie de enunciados, diferentes posiciones y tomar el papel de diferentes sujetos.”∗
∗La función enunciativa tiene una dimensión “relacional”,es decir, además relaciona al enunciado con otros distintos .Para que esta dimensión pueda ser posible es necesario que todo enunciado se encuentre inscrito dentro de un campo referencial, dentro de este último el enunciado logra multiplicarse dentro de un espacio, es decir, se convierte en miles de unidades significativas. Esta función enunciativa permite al enunciado referirse a algo, es decir, a otro enunciado, “El enunciado lejos de ser el principio de individualización de los conjuntos significantes, es lo que sitúa esas unidades significativas en un espacio en el que se multiplican y se acumulan.”∗, es decir la dimensión referencial permite al enunciado al situarlo dentro de un conjunto, formar parte de una serie, relacionarse entre ellos .
∗Por último se encuentra la dimensión “ material”. “El enunciado se da siempre a través de un espesor material, incluso disimulado, incluso si, apenas aparecido, está condenado a desvanecerse.” ∗ Esta dimensión de materialidad se logra luego de ser fijada todas sus determinaciones, no es simplemente un principio de validación,, o determinación de subconjuntos lingüísticos. La dimensión material del enunciado es lo que lo constituye propiamente.
3. Significado de la noción rectora del análisis del discurso: “acontecimiento”, “serie”, “regularidad”, “condición de posibilidad”.
Según Foucault el discurso dentro de la filosofía no es más que un juego de signos en función, o más bien , al servicio del significante, viéndose de esta manera en su propia realidad anulado. Dentro de nuestra sociedad actual, Foucault dirá que el discurso será visto con cierto temor. Dirá que aquí vendría existiendo una especie de “logofobia”, es decir, un rechazo contra esos acontecimientos del discurso, contra sus enunciados violentos y desordenados presentados por el discurso. Para batallar este problema del discurso dentro de la sociedad actual, Foucault propone quitar al discurso su carácter enunciativo y de acontecimiento. Es decir,…”borrar finalmente la soberanía del significante”∗, es decir, dar un giro en la forma de ver el discurso por parte de la historia de las ideas , propone su cuestionamiento.
Para este análisis que Foucault pretende desarrollaren torno al discurso emplea ciertos principios para así lograr regular este análisis:, el principio de acontecimiento, el principio de serie, el de regularidad y la condición de posibilidad. Estos principios se caracterizan por cada uno a su vez oponerse a otros términos por ejemplo el principio de acontecimiento se opone a la creación, el de serie se opone a la unidad, el de regularidad se opone al de originalidad, y la posibilidad a de significación., siendo estos últimos términos ( significación, creación, unidad y originalidad) los que han dominado la historia de las ideas, …“donde se buscaba el punto de la creación, la unidad de la obra, de una época o de un tema, la marca de la originalidad individual…”∗.
Foucault realizará este análisis, desde una mirada desconfiada frente a la actuación de los historiadores, los acusa de no haber actuado en la misma dirección que la historia contemporánea ( considerar los acontecimientos singulares y dejar de lado las estructuras que se extienden por sobre el margen del tiempo) Dirá que la importancia se encuentra en que la historia logra considera un acontecimiento sin definir la serie de la que pertenece.
Foucault plantea que en la actualidad las nociones que se utilizan son la de acontecimiento, serie, es decir, ideas como continuidad, conciencia, signo y estructura han sido desplazadas. El defenderá este nuevo modo de ver el discurso, dirá que es efectivo en la medida que se aleja de las temáticas filosóficas tradicionales. Foucault ve a la historia, como la historia del acontecimiento o, mejor, de los acontecimientos.
Desde aquí el acontecimiento, que fue dejado de lado por los filósofos, es visto como un materialismo de lo incorporal, es decir, es material no en el sentido de sustancia, o accidente, sino es vista su materialidad por fuera del orden de los cuerpos, siendo en este nivel de la materialidad donde tiene lugar y efecto. El acontecimiento al no ser el cuerpo o un accidente, se convierte en una relación, una coexistencia, una dispersión , una selección de elementos materiales.
Es en el modo en que Foucault propone tratar a estos acontecimientos, donde aparece la noción de serie. Dirá que estos deben tratarse según series homogenias y discontinuas relacionadas entre sí. Aquí la noción de serie se refiere no a la sucesión de los instantes del tiempo, como tampoco al la pluralidad de los sujetos que piensan. Aquí las series son cesuras que eliminan el instante y vuelcan al sujeto en una pluralidad de posibles posiciones; “Una discontinuidad tal que golpea e invalida las menores unidades tradicionales reconocidas o las menos fácilmente puestas en duda: el instante y el sujeto”,∗es decir, el discurso es una serie que se encuentra compuesta por diversos acontecimientos.
Para Foucault es necesario pensar el discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas, como una práctica que se impone, es en esta práctica donde los acontecimientos del discurso encuentran el principio de regularidad. Esta regularidad se encuentra dentro de los límites de las series discursivas y discontinuas, y regula o prohíbe establecer vinculos de causalidad mecánica o de necesidad entre los elementos que constituyen la serie .Este principio de regularidad permite aceptar la introducción del azar como productor de acontecimientos.
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