Las sociedades cambian, y con ellas, cambia el lenguaje y la forma que tenemos de comunicarnos.
El surgimiento y desarrollo del lenguaje inclusivo en nuestra sociedad responde a un cambio social y político que nace de la necesidad de poner en cuestión los valores dominantes, de visibilizar e incluir a las distintas identidades sexogenéricas que han sido dejadas de lado en el discurso y en la construcción de sentido.
Este proceso hacia un lenguaje que incluya a todas las personas conlleva, necesariamente, empezar a cuestionar nuestros usos y prácticas cotidianas e incorporar nuevas herramientas discursivas y de comunicación que nos posibiliten el ejercicio de nombrar sin excluir. La lengua es una construcción colectiva opuesta a lo rígido y constante, y es una herramienta de generación de significados y símbolos que forma sentido en una sociedad e interpela a todas las personas que la integran.
“El lenguaje nos constituye como sujetos, de modo que la corrección del idioma para eliminar los enunciados de sujeto “no marcado” -que corresponden a la dominancia masculina- es una tarea de enorme significado para ganar equidad entre los géneros”, explica Dora Barrancos, investigadora, socióloga y referenta feminista, a la vez que sostiene que aunque a ella misma le cuesta incorporar este uso en su cotidianeidad, entiende la importancia simbólica de hacerlo con el objetivo final de la inclusión de todas las identidades. Incorporar el lenguaje inclusivo conlleva práctica y una mirada atenta en pos de la inclusión de todas las identidades.
En este manual, les invitamos a hacer un pequeño recorrido por los diferentes usos de la lengua y algunas herramientas y recursos que pueden ponerse en uso con el fin de lograr una comunicación y lenguaje inclusivos.
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